DESEOS QUE SE ABREN CAMINO
Manuela hace poco que ha comenzado a trabajar como arquitecta. Cada vez que la nombran así sus amigos y familiares, ella siente que es demasiado, y entra en un estado de alerta porque piensa que en algún momento descubrirán que no es para tanto.
Javier ha comenzado a ascender en su trabajo dirigiendo proyectos y equipos, ejerciendo un liderazgo muy valioso para sus jefes, pero no lo disfruta porque también siente que se descubrirá que no vale tanto como parece.
Carlota lleva un tiempo en una relación y sus temores a que se descubra que ella no merece tanto la pena, han ido a más.
Estos casos, como tantos otros con esta dialéctica devaluativa, pone de manifiesto que la experiencia que nos devuelve la mirada del Otro no se siente muy satisfactoria. En esa mirada unos han encontrado hiperexigencia, otros indiferencia, poco afecto…
Para el desarrollo psicológico, la mirada del Otro nos constituye, nos confirma como sujetos y también nos genera la ilusión de completud.
La conflictiva que cada uno haya tenido en el encuentro con la mirada del Otro se repite: qué imagen de nosotros mismos se ha logrado, qué creemos completar, a quién, cómo…
Más allá del daño ocasionado con, y por otros, también se abre paso algo enigmático que nos convoca, que empuja a continuar pero sin que uno se sienta bien.
Cuando nuestros deseos se abren camino, pueden darse dificultades importantes que, si no se abordan, corren el riesgo de quedar atrapados de manera dolorosa y pasiva en lo que suponemos la mirada del otro, se trate de un deseo, de una vocación, de una identidad, de una relación…
Con los anudamientos que de ahí se derivan, uno queda dividido cuando acontece un deseo. Y esta división, además de interrogar la ilusión de completud, también nos indica que hay un otro en nosotros que desconocemos. Esto produce incertidumbre frente a la que uno se suele defender. ¿Por qué para otras disciplinas la división es considerada un signo de transformación y maduración como en física y en biología?
Darse cuenta de que aunque uno forme parte de un entramado de vínculos familiares y sea para otros, también es para sí mismo. No solo estamos ligados al lugar del que procedemos, también estamos entrelazados al tránsito mismo de un devenir propio.
En Psyquia, a través del acto de la escucha, te ofrecemos un espacio donde armar un sostén que permita una experiencia más satisfactoria con el espejo, con la autonomía, sin que decaiga la ilusión de aventurarse en los deseos que insisten en ocupar un lugar.
Mª del Valle Vega Bellido










