Cuando hablamos de poner límites acuden asociadas palabras que a veces no parecen buena compañía de la educación de nuestros hijos. Estricto, autoritario, autoritarismo, rígido, castigo…, parecen palabras pasadas de moda, anticuadas. Y es que convivimos con modelos opuestos a la hora de educar a los más pequeños: un modelo más tradicional y rígido que ha ido recibiendo a una crianza más respetuosa con los ritmos evolutivos del niño. Desde el saber centrado en el adulto al saber centrado en el niño: “yo sé lo que le pasa y lo que necesita mi hijo” versus “mi hijo sabe acerca de sus necesidades”.

Desde Psyquia creemos que es importante que se abra un espacio de reflexión acerca de estas cuestiones, donde muchas veces el nudo central son los límites: manejados desde el adulto o desde el niño. Sin duda algo está claro, los límites vengan de donde vengan, aparecen, pero ¿se quedan? Porque en todo este embrollo, algo sabe el niño y algo saben los padres.

Nos encontramos con la creencia compartida de que los límites se ponen desde afuera gracias a un entrenamiento. Si repetimos y repetimos nuestro pequeño entenderá qué puede hacer y qué no puede hacer. Pero ¿la mera repetición hace que el niño construya recursos internos estructurantes?

Sigamos preguntándonos…

“¿Lo estamos haciendo bien?”, “¿somos demasiado duros?”, “¿estaré malcriando a mi hijo?”, “yo quiero que mi hijo sea libre, por eso no le pongo límites”, son claros ejemplos de lo que padres y madres nos expresan en consulta. Y lamentablemente frente a ellas no hay certezas que aseguren al 100% la mejor opción.

Y aparece la autoridad, generalmente manchada de miedo y culpa al ser confundida con autoritarismo. ¿Qué es autoridad? Y ¿qué es autoritarismo?, ¿lo mismo? En este caso sí tenemos la certeza de que ni son lo mismo ni se parecen.

La autoridad es otorgada por otro en reconocimiento a un saber, a una experiencia, a una confianza. Es una figura referente que protege. Frente a una autoridad podemos entregarnos a su mirada sin temor. Un maestro, un padre, un abuelo, un amigo de la familia pueden venir a ocupar este lugar para un niño.

En cambio, el autoritarismo es el abuso de esta autoridad y puede utilizar esa posición para someterlo.

¿Y si pensamos los límites como pautas de crianza?, ¿propuestos desde el amor por una figura que represente la autoridad?, como un trabajo artesano que no admite generalidades. Pautas de crianza que vienen desde los adultos para que los niños puedan construir límites que les constituyan y les sostengan; una construcción interna desde afuera.

Cada familia tiene que encontrar su modo, desde la armonía familiar. Pero sin duda es imprescindible nombrar las cosas que les pasan a los niños, ofrecerle palabras para aquellas cosas que se les hacen difíciles o no soportan, darle palabras a lo que están sintiendo pero siempre, desde la duda, pues lamentablemente no lo sabemos. Un “quizás estás enfadado, o a lo mejor te ha molestado que mamá no te compre unas chuches”… pueden tener un tremendo valor. Y son palabras que viene a poner límite a un monto de energía que el niño no sabe qué hacer con él.

Ofrecer pautas de crianza claras, favorecerán una organización psíquica saludable, así como una construcción de un cuerpo y unos vínculos sanos.

Será como decir que “a partir de unos límites que permiten que me diferencie como sujeto puedo vincularme con otros”.

En cambio, si todo este proceso es fallido, estaremos frente a niños que sufren desde un exceso de movimiento, de no registro del peligro, mucho retraimiento e inhibición… y sin duda, será muy importante buscar ayuda.

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