Entrevista a Inmaculada Murillo Díaz

Tenemos el inmenso placer de inagurar la nueva sección del blog «entrevistas» con la colaboración de Inmaculada Murillo Díaz, quien nos propone reflexionar sobre un tema de plena actualidad como es lo que algunos ahora llaman «adolescencias tempranas».

La entrevista se realizó tomando como pretexto el artículo publicado en El País el pasado 19 de Mayo: «Con dientes de leche y ya con mechas».

PSYQUIA: Hasta dónde se podría afirmar que nuestra forma de vida está afectando el desarrollo del niño, al punto de hablar de “matar la infancia”?

Inmaculada: Yo diría que se está pervirtiendo la infancia, generando patología. Vivimos en una sociedad que tiende a acelerar los ritmos en su obsesión por la inmediatez y a contaminar con contenidos inadecuados y confusos. Los niños se encuentran atrapados y confundidos en un cruce de caminos. Se les ofrece y exige hacer cosas de adulto, funcionar como mayores, a la vez que se les demanda y favorece ser infantes. Nos encontramos en muchos casos con latencias interrumpidas, con pubertad precoz, con esos pseudoadolescentes de 10 años, llamados precoces, que sólo el término induce a confundir un problema del desarrollo con algo parecido a una madurez. El llamado adolescente precoz está muy lejos de la verdadera madurez, porque además si hay algo que caracteriza la adolescencia es su precario equilibrio psíquico. Una etapa que se caracteriza por la elaboración de duelos, un momento de la vida para reorganizar todo lo anterior, necesita tiempo, límites claros y un entorno que no confunda ni sobre-estimule. El fracaso está asegurado.

PSYQUIA: Se responsabiliza al cambio climático, a la alimentación, a las redes sociales, a internet… de precipitar al niño a una adolescencia prematura. ¿Tan peligrosas son las nuevas tecnologías, es posible que ciertos juguetes en sí mismo tengan tanto poder como para alterar el desarrollo de un niño?

Inmaculada: En relación a las nuevas tecnologías y a determinados juguetes, tal vez no se trate tanto del objeto en sí mismo lo que perjudica como el uso que se haga de él y por encima de todo el mercado adulto que está detrás “contaminando” ese producto. En relación a las famosas muñecas Monster, en el siglo pasado, nuestro siglo XX, en la infancia de nuestras abuelas existía una muñeca, Mariquita Pérez, que gozaba del mismo vestuario que su dueña, de hecho era un clon de la niña. Llegó a tener sus historias (Historias de Mariquita Pérez) toda una familia y hasta amiguitos. A nadie se le ha ocurrido decir que dicha muñeca fuese algo pernicioso para la infancia de aquella época y eso que era un juguete muy elitista. El problema está en las interferencias adultas, en la contaminación que el adulto introduce en el mundo infantil.

PSYQUIA: En el artículo se menciona la última tendencia para niñas entre 5 y 12 años en ofrecer fiestas o a modo de pack- regalo de sesiones de Spas de belleza, “las pelupartys”, donde se les maquilla, hacen peinados, masajes, dirigido y realizado por profesionales. Los que están a favor plantean que simplemente es un juego, pero hay otras opiniones que consideran que puede llegar a ser algo perverso. ¿Qué se podría decir desde la psicología infantil?

Inmaculada: La niña juega a ser mayor, a ser como mamá, en un como sí, en un espacio de ilusión, como lo llama Winnicott, donde todo es posible. Se “disfraza” de adulta, se pone los tacones de su madre, imita sus gestos, se maquilla como mamá. Está jugando. La niña sabe que no es adulta, que no es mamá, pero imagina que lo es. Y mientras juega, crea.
Cuando la mano adulta se introduce en ese espacio de ilusión transformando el como si en un es real (es reality) la vivencia cambia, pues deja de ser un juego. Ya no es el niño el que domina el espacio de ilusión, pues ya no es él quien crea el juego, ni tampoco el adulto está jugando con el niño en ese espacio creado por el propio niño. El adulto introduce “su juego”, pone sus reglas, lo contamina. El niño pasa a ser cosificado, un objeto de consumo, un objeto de goce para el adulto. Y de aquí a lo perverso hay un paso.

PSYQUIA: En esta línea podríamos pensar en los concursos de belleza infantiles, donde en algunos casos llegan incluso a transformar el cuerpo del niño.

Inmaculada: Sí, aunque ese tema es todavía peor. Es un auténtico acto perverso, donde el niño es claramente un objeto al servicio del goce adulto.

PSYQUIA: Y por último, ¿cuáles son las consecuencias de una latencia “interrumpida”? y ¿cómo podríamos cuidar esos años que preceden a la pubertad?

Inmaculada: El periodo de latencia, es decir esos años entre los 6 y 10 u 11, el aparato psíquico del niño está haciendo un gran esfuerzo por, digamos, mantenerse tranquilo. La represión y los procesos de sublimación están en construcción intentando “sujetar” todo el empuje pulsional que ha caracterizado la primera infancia. Si desde fuera, el mundo adulto introduce presión, si sobrestimula, seduce, confunde, este logro evolutivo que caracteriza a esta etapa no se podrá conseguir y la entrada en la pubertad se verá muy afectada. Las vivencias propias de la pubertad, el empuje pulsional, desbordaran al niño/a, afectando su rendimiento intelectual y sus relaciones sociales y familiares. Aparecerán inhibiciones, fracaso en los aprendizajes, fobias, pseudoadolescencias que no son más que huidas hacia delante, pasos al acto, en fin, toda una desorganización que impedirá que la crisis adolescente pueda resolverse con éxito.

En cuanto a la forma de cuidar este periodo, se trata como en cualquier etapa del desarrollo de que el adulto pueda filtrar lo que le llega al niño, evitando toda situación, información, juegos, etc que puedan confundirle e inundarle con vivencias que aún no puede digerir. Digamos a modo práctico, que algo parecido a lo que las mamás hacen con la comida. Las cosas a su debido tiempo y en la dosis adecuada, incluso algunas, mejor ni probarlas.

 

Fuente: ElPaís.com

Artículo de El Pais