Lo Esencial es Invisible para los ojos

Os dejamos el cápitulo XXI de «El Principito» de Antoine de Saint-Exupéry para poder reflexionar acerca de los vínculos:

El Principito: Capítulo 21

Fuente: Microtop.ca

Releyendo esta magnífica obra de Antoine de Saint-Exupéry nos parábamos a reflexionar sobre la importancia de los vínculos, de lo que significan y del lugar que ocupan en nuestra sociedad actual.

Actualmente a pesar de la inmensa cantidad de medios que tenemos para relacionarnos con los demás (RSS, mail, teléfonos de última generación, Skype, etc.) pareciera que los vínculos no son fáciles de conseguir ni de sostener.

Desde Psyquia nos preguntamos ¿qué es lo que puede estar pasando? Pareciera que de unos años a esta parte las relaciones personales han adquirido un matiz cuantitativo más que cualitativo.

Parémonos por un momento a analizar dos elementos sociales que pueden servirnos de termómetro para analizar el panorama actual: por un lado las relaciones entre los adolescentes de hoy en día, por otro, los movimientos reaccionarios de crianza respetuosa y promoción del apego seguro.

¿Cómo son las relaciones de los adolescentes de hoy en día? Como tantas otras veces no podemos generalizar pero sí hablar de tendencia. El discurso adolescente de hoy en día se basa en la comparación y en la competición ¿cuántos amigos tienes en Facebook? ¿y seguidores en Twitter? ¿cuántos te dan al like en Instagram? Esto no solo ocurre en la virtualidad de las redes sociales sino que en las salidas nocturnas se mantienen relaciones sexuales con varias personas a lo largo de la fiesta como si de trofeos se tratara. Y estos son solo algunos ejemplos…

La pregunta que nos hacemos es ¿Cuántos de todos estos son amigos de verdad? ¿Con cuántos se ha establecido un vínculo de calidad?¿dónde está el amor y la ternura?

La sociedad del narcisismo se impone y en ella las reglas parece que están claras: “no sufras”, “vive el momento”, y el “yo, mi, me, conmigo” es su lema.

A pesar de todas estas marcas publicitarias que prometen que bajo relaciones de este estilo estará la felicidad absoluta, la sensación de vacío e insatisfacción parece habitual y contrasta con tanta opulencia de relaciones.

Como siempre que hay una crisis social se producen entorno a ella movimientos que tratan de reparar el daño existente.

Actualmente los modelos de crianza respetuosa (técnicas piel con piel, partos humanizados, lactancia a demanda, pedagogías libres, etc.) están cada vez más presentes tratando de abrir una mirada al sujeto desde sus inicios, queriendo tejer vínculos fuertes que hagan de los bebés de hoy, individuos sanos afectivamente en el futuro. Dentro de estas prácticas también podemos incluir matices que darían lugar a otra reflexión ya que como movimiento reactivo a la sociedad de consumo puede pecar de irse al otro extremo. Pero aun así nos merece la pena escucharlo como respuesta a un dolor social. 

¿Qué le enseña el zorro al principito?

Vincularse es poder hacer un lazo especial con una persona, objeto, animal… por el cual esa persona, objeto, animal…pasa a ser única para nosotros. Los vínculos llevan consigo emociones, si se pierden duelen pero también traen consigo ganancias porque llenan, porque algo de esa persona, objeto, animal… anida dentro de nosotros y pasa a ser parte de nuestra identidad como sujetos y nosotros en la suya.

Crear y sostener los vínculos lleva tiempo y dedicación, nos enriquecen y llenan porque también hay una gran parte de inversión. Esto no es algo atractivo para la sociedad actual ya que requiere demasiado tiempo y esfuerzo, no es rentable. Pero parémonos a pensar que lo que rápido y barato se crea, fácilmente se destruye, se tira, y genera vacío porque no deja huella.

Preguntémonos:

¿Queremos coleccionar principitos, todos iguales, o queremos tener uno propio, del que conocer su nombre, al que evocar por el color del trigo?

¿Volveremos a ser capaces de domesticar?

Una idea en “Lo esencial es invisible a los ojos”

  • Precioso relato. Hacer un buen vinculo lleva su tiempo, hoy los ritos no están de moda, ni se permite llorar cuando se pierden (de eso ya se encarga la fluoxetina o sus primas hermanas). Domestícame, por el color del trigo…

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