LA TERQUEDAD DE LA ESPERA

Esperaba que me diera un beso, esperaba que me reconocieran el trabajo, esperaba que me ofreciera ayuda, esperaba que fuera diferente, esperaba que me llamara, esperaba que se ofreciera a acompañarme, esperaba que a mi hijo le gustara el violín…”

En la clínica escuchamos en muchas ocasiones a personas que sufren por la espera.

Relaciones de pareja donde el encuentro se hace difícil, donde uno espera cosas del otro que no llegan; trabajos que por más que uno pone la carne en el asador no son lo que prometieron ser; relaciones entre padres e hijos donde parece no haber entendimiento porque ese hijo, o esos padres, no era/eran lo que esperábamos que fuera.

Y es que: ¿Qué esperamos cuando esperamos?

Es intrínseco al ser humano el formarnos ideas, ilusiones, expectativas de lo que nos gustaría que fueran las cosas. ¿Pero que pasa cuando esos ideales nos atrapan?

Hay un dicho popular que nos parece oportuno rescatar en este momento, el de “pedir peras al olmo”.

Podríamos decir que en ocasiones la “es-pera” frente al olmo nos atrapa, nos anuda, con una férrea convicción latente de que ese olmo dará esas peras que tanto deseamos. Que si somos capaces de tocar la tecla adecuada, de hacer ese esfuerzo, entonces, sí obtendremos peras. En palabras de la psicoanalista Mariela Michelena “Ya sé que es mejor no pedir peras al olmo…pero ¿y si yo?… Así trasformaba la miseria de la impotencia humana en una vaga promesa llena de posibilidades”.[1]

En este proceso, la persona se encuentra ciega, sin poder vislumbrar el olmo que tiene frente a ella, sin poder hacer la pregunta que la llevaría a cuestionar su elección: ¿Qué dan los olmos? ¿Me interesa lo que ofrece el olmo? ¿Si quiero peras… no habrá igual que buscar un peral? ¿Puedo disfrutar de lo que el olmo tiene que ofrecerme renunciando a las peras que supuestamente tanto me gustarían?

Es como si el/la protagonista de nuestra historia dijera: ¡¡ES-PERA, TIENE QUE SER PERA!! Y en esa convicción se queda aferrado a sus ideales, sufriendo en su espera, lo que no está escrito para tratar de que el olmo, en algún momento, de peras.

Desde Psyquia acompañamos a todas esas personas que se encuentran atrapadas en el bucle de la decepción, sintiendo que no encuentran aquello que esperan, sufriendo por sus anhelos. Tratamos de ayudar a pensar que es lo que esperan realmente, y poder desenmarañar su verdadero deseo de esos ideales que los persiguen, atormentan y alejan de eso que de verdad quieren.

Trabajamos para que la persona pueda encontrarse consigo misma, en un encuentro veraz, donde pueda verse ella y pueda ver al olmo, donde no haya filtros que obnubilen la vista, haciendo ver cosas que deberían ser y no son.

[1] Michelena, M.: Mujeres Malqueridas. La esfera de los libros. Madrid, 2007. En cap. 8 “Pedir peras al olmo”.