La infertilidad es un problema que afecta cada vez a más parejas. Los datos hablan de un 15%. En los últimos años han aumentado las cifras debido a la edad más tardía a la que esperamos para concebir.

Las personas que se enfrentan a esta dificultad atraviesan un duro camino lleno de preguntas, incertidumbre, desgaste, procesos médicos y la mayoría de las veces, sentimientos de culpabilidad. La noticia de la infertilidad suele resultar devastadora. Supone un varapalo en un momento de ilusión cuando una pareja ha tomado una decisión tan importante como ser padres. Frente al deseo aparece la dificultad.

Marcados por la impotencia y la frustración estos, por ahora “no padres”, se sienten solos e incomprendidos observando como su alrededor parece ajeno a su sufrimiento y donde las embarazadas parecen multiplicarse por momentos. El encomillado “no padres” lo resaltamos porque a partir de la noticia, parece que la identidad queda marcada con lo que ya no eres o no serás, con la falta. La renuncia a la parentalidad adquiere en la fantasía la imposibilidad de llegar a la completud deseada, convirtiendo tener hijos en algo idealizado que nos daría la felicidad absoluta.

Frases como: es cuestión de relajarse, no te preocupes que seguro que te quedas, pues a mi vecina le dijeron que no podía tener hijos pero ya va por el tercero, fíjate yo es que me quedé a la primera y muchas más, acompañan a estas parejas que soportan estoicamente lo que todo el mundo les tiene que decir. Mientras, sus cabezas están ocupadas preguntándose qué ha pasado. La renuncia

En el hombre se pone en juego su virilidad. El tormento de que tus soldaditos no funcionen y el pensamiento de no poder dar a tu mujer eso que tanto deseáis. En la mujer se abre la pregunta, todavía hoy, de si una mujer es mujer sin ser madre. Si es igualmente valiosa o es una mujer con tara. En definitiva, si es menos mujer que otras. Y entre ambos, todo un cruce de fantasías de reproches silenciosos.

El sólo hecho de atravesar un tratamiento de infertilidad produce un desgaste importante. Enfrentarse a procesos que no funcionan, el dolor físico, la espera… constituyen una prueba muy dura para la pareja que hace mella en el vínculo y que a menudo produce un distanciamiento de la pareja.

Para facilitar el tránsito por todo este proceso es fundamental un grupo de apoyo. El hecho de poder hablar con otras personas que están pasando por lo mismo favorece la identificación, el sentimiento de ser comprendido y permite que la angustia, la rabia y las dificultades que surjan en la pareja puedan ser tramitadas sin enquistarse. Para ello hemos creado grupos reducidos guiados por profesionales que puedan acompañaros durante este proceso. Ponte en contacto con nosotras para solicitar información. Haremos que este camino sea un poquito menos duro.

Para obtener más información, visita el siguiente enlace.

Grupo de Apoyo a la Maternidad: Infertilidad

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