El declive del padre

Continuando con la “función paterna”, su debilitamiento ¿puede ser entendido como un síntoma actual?

¿Qué nos dice el psicoanálisis al respecto? Os dejamos las aportaciones teóricas de distintos autores que han reflexionado sobre este tema.

El desvalimiento de los seres humanos permanece,

y con él su añoranza del padre.

Sigmund Freud

Hablar de su carencia (del padre) en la familia

no es hablar de su carencia en el complejo.

Jacques Lacan

¿De que sufre el Hombre? Francisca Carrasco se abre a esta pregunta en su seminario sobre una clínica en la actualidad y responde de la siguiente manera: “El sufrimiento es un desarreglo, una ruptura del equilibrio que el sujeto había logrado para tener una posición como sujeto del deseo Inconsciente, según su posición subjetiva. El individuo se posiciona en el mundo según sus fantasías en relación a dos vectores: el narcisismo infantil y su renuncia – o no – al deseo de ser causa de todos los desvelos y motor de los deseos maternos. La dura realidad a la que la función del padre nos introduce (que nuestro deseo no es más que una fantasía a la que debemos de renunciar), teñirá todos los estados afectivos anteriores, la angustia de vivir, los miedos, los desasosiegos del crecimiento, en angustia de castración.1

Según Enrique Delgado Ramosla hipótesis de la declinación del padre sirve para tres principales propósitos2: “Primero, para explicar el origen del propio psicoanálisis en la Viena de fines del siglo XIX, en donde la declinación de la familia patriarcal se habría percibido de manera particularmente intensa (Lacan 1978; Roudinesco y Plon 2008; Roudinesco 2006, 1994). Así, el psicoanálisis habría sido a la vez “(…) el síntoma y el remedio de un malestar de la sociedad burguesa, presa de las variaciones de la figura del padre“ (Roudinesco 2006: 100). Segundo, para explicar diversas manifestaciones del malestar en la cultura actual, como es el caso de los fenómenos de violencia social. Por ejemplo, Emiliano Galende destaca que: “(…) los cambios en el lazo social, por la pérdida o atenuación de las identificaciones ideales con el padre, que, insisto, no abolían la agresividad pero la organizaban en sus sentidos colectivos e históricos, genera una violencia más flotante, inespecífica, que tiende a buscar su organización con la forma de colectivos de nuevo tipo, como bandas, grupos de “autoayuda”, neocomunidades, agrupamientos religiosos o místicos, nacionalismos xenófobos, fundamentalismos políticos o terrorismo” (Galende 1997: 234). Tercero, para explicar el incremento en la prevalencia de los trastornos narcisistas y borderlines, ó, en general, las denominadas “nuevas patologías” o los “nuevos síntomas”. Actualmente, estaríamos frente a configuraciones familiares distintas de la familia burguesa productora de las subjetividades estudiadas por Freud. En esa medida, las transformaciones sociales de la familia conllevarían un debilitamiento de las figuras identificatorias que estarían a la base de las problemáticas de estructuración subjetiva (Cantis 2000, Lasch 1991).

Massimo Recalcati, psicoanalista italiano, nos ilustra en su libro Clínica del vacío: Anorexias, bulimias, psicosis, sobre los malestares actuales: La clínica de la falta es una clínica del deseo inconsciente, de la represión y del retorno de los reprimido, del síntoma y de la división del sujeto, es una clínica que encuentra su terreno de abono en las formaciones del inconsciente. Lo que constituye su centro es la pasión que toma cuerpo, como Lacan nos ha indicado, de “la falta en ser” que habita en el sujeto. En este sentido la clínica de la falta se puede marcar en la clínica clásica de la neurosis. Los nuevos síntomas, en particular en la anorexia, la bulimia y la toxicomanía asistimos a una desarticulación del vínculo dialéctica entre vacío falta y deseo. El vacío no aparece como manifestación de una falta si no se solidifica, se hipostática, se presenta como disociado del deseo y, como innombrable: la angustia. Ella nos dice que el síntoma no es una manifestación de una falta en ser, si no una manifestación de una dispersión del sujeto, de una inconsistencia radical, de una percepción de inexistencia que suscita la angustia sin nombre”.3 Esta idea de Recalcatime hace pensar en que como analistas nuestro trabajo reside en que tenemos que ayudar a construir al sujeto. La angustia nos habla, no de una falta en ser, sino de un exceso de ser sujeto del deseo inconsciente, de un exceso de goce que se niega a cortar y de un exceso de pulsión y tenemos que poder oír estas formas nuevas de la insistencia de la pulsión de muerte que insiste precisamente para no coexistir. Es entonces cuando me abro a la pregunta: ¿Un exceso de Goce y un declive de la función paterna?

Luis Manuel Estalayo en su libro Padres Imaginarios, examina la relación entre la Paternidad actual y la sociedad de consumo. Refiere que uno de los grandes cambios que ha sufrido la sociedad occidental es “la pérdida de legitimidad del patriarcado”.4 El autor distingue tres fases donde explica el proceso que ha llevado acabo la figura del padre: “el padre empezó a desaparecer físicamente de lugar cuando se convierte en asalariado, despojándose de sus medios de producción, que eran una de las bases de su autoridad. El inicio del trabajo asalariado de las mujeres de clase media, que obliga al hombre a negociar no sólo en el exterior en el mercado de trabajo, sino también en el interior del hogar. El incremento de las tasas de divorcio. En este sentido, se aprecia una pauta constante en occidente según la cual los padres se van desentendiendo progresivamente de sus hijos; es lo que se denomina padres “desvanecientes”. Aunque […] el patrón de relaciones que mantienen los ex-cónyuges entre si no son más que la continuación de las que mantenían cuando estaban casados y lo mismo podemos decir de la relaciones de los progenitores con sus hijos”.5 Estoy de acuerdo con Estalayo en cuanto a los cambios que ha sufrido el padre y que presenta el autor, pero estamos hablando del padre en la realidad e incluso a nivel de imago. ¿Ocurre lo mismo con el padre simbólico?, si “cada sociedad, en cada momento histórico, construye sus normas de funcionamiento y sus dioses”.6 Según Estalayo, antes “el padre adoptaba los atributos de Dios padre para reinar en la familia, con un poder total basado en un derecho casi divino; el padre y su familia como Dios y su pueblo”.7 Los atributos de Dios padre que se le conferían al padre ya no son los mismos, pero ¿son necesarios esos mismos atributos?, o ¿Puede un padre cumplir su función sin “ser” Dios Padre?. Por otro lado, ¿Los atributos son a nivel real, imaginario o simbólico?

El autor, plantea como en las sociedades capitalistas “El Bien Supremo es el consumo y se adoran la superficies de consumo como antes se hacía con las estatuillas ídolos religiosos”.8En otras palabras, podríamos decir que la Ley ha sido sustituida por el consumo. ¿No estaríamos ante la perversión de dicha ley por un fetiche que ha de consumirse rápidamente? La palabra ha sido sustituida por la imagen creando “un universo sitiado por spots, programas televisivos donde los insultos y las escenas explícitas de violencia no dejan espacio para palabra reflexivas; universo donde los Messengers asesinan al lenguaje y donde las pantallas han ocupado gran parte del espacio de ocio juvenil”.9

Parece que en la sociedad actual el refrán una imagen vale más que mil palabras, se hubiese colocado como lema central. Las imágenes han sustituido a la palabra de tal modo que pareciera que nos comunicamos a través de imágenes. “Esta ausencia de palabras sin gula precisamente con la no demora de satisfacción que se vende como eventualidad posible.”10dice Estalayo. La cuestión es si el padre como función ha de ocupar el lugar de significante de la palabra,“El padre como donante de la palabra que signifique la necesidad humana de nombrar lo que nunca se ha podido tener ni se tendrá, debe morir.”11 Esta afirmación del autor ocupa un lugar central en cuanto a la muerte del padre, como objetivo ¿para continuar con la fantasía de satisfacción de que “todo es posible” o “debe morir” el padre omnipotente del narcisismo infantil y aparecer otro tipo de padre ?

Lo que aparentemente está visible es que “la dinámica familiar se incluye en un contexto social que divinizado al consumo y cuestiona cualquier representante de una autoridad que limite la satisfacción […] el capitalismo nos envuelven códigos publicitarios que divinizado la rapidez, la inmediatez y la fugacidad”.12Lo laboral ocupa un lugar importante ya que, en estos últimos años de crisis aun con mayor notoriedad, la inestabilidad laboral está patente. Por un lado parece que lo que se daba por sentado en una rutina establecida de orden laboral ya no está y por lo tanto, el sujeto frente a la incertidumbre y la angustia, debe moverse y buscar otros medios de subsistir. Pero a su vez, la falta de estabilidad y seguridad interrumpe la búsqueda de postergación de la satisfacción y planificación laboral futura. Es por eso que el trabajador de hoy se vincula con su trabajo de una manera líquida, es decir “con un compromiso que no podrá incluir un proyecto a largo plazo.”13 Esto hace que la relaciones laborales del padre se dificulten pero se renueven.

Julia Kristevaplantea la idea del surgimiento de nuevas enfermedades para hablar de nuevos síntomas. Hace poco, en una entrevista en la agencia EFE, esta psicoanalista se pregunta por los valores actuales que dan pie a pensar en que “se ha perdido la moral del corazón” y argumenta que «hoy sufrimos un déficit de experiencia interiorInternet permite llegar rápido, pero impide llegar al interior. Hay filosofía, biología, ciencia, pero eso no llega al interior.”14

Tort “El dis­curso ideológico sobre la «declinación del padre» se arraiga así en una realidad histórica innegable: la des­trucción psíquica de los proletarios por el capital (y por sus variantes colectivistas en el siglo XX)”.15 El autor defiende la idea, donde el desarrollo de la economía liberal tendrá dos efectos. Por un lado, el de “sustraer los padres a la familia”16 pero por otro lado “este proceso de sujetamiento de los padres al capital también libera a los padres, al propio niño, mientras simultáneamente los vigila”.17

1Carrasco, F. Seminario Apuntes para una clínica actual. 2014-2015.

2Delgado, E. Declinan a un padre: un fantasma recorre el psicoanálisis.Texto completo en:

http://psicopatologiapsicoanalitica.blogspot.com.es/2010/09/declinan-un-padre-un-fantasma-recorre.html

3Recalcati. M. (2003). Clínica del Vacío. Anorexias, dependencias, psicosis. Sintesis, Madrid. Pág 10.

4Estalayo. L. M. (2012). Padres Imaginarios, Personal. Madrid. Pág. 17.