LA SUERTE DE TENER AMIGAS

Como analistas, que una paciente tenga o no tenga amigas nos da mucha información. Hay algo profundamente íntimo y transformador en la amistad entre mujeres. No es solo la compañía, ni la complicidad, ni siquiera el sostén. Es un espacio único de elaboración psíquica.

Freud pensó los vínculos como escenarios donde se despliegan transferencias, repeticiones y deseos inconscientes. Tendremos que partir desde el primer vínculo que es con nuestra madre (como primera mujer) para entender como nos relacionamos con las demás mujeres. De esa manera podremos abrirnos a la posibilidad de reescribir la propia historia a través del lazo con las otras. Cada amiga encarna una alteridad cercana: no es espejo exacto de mi misma, sino otra con la que puedo identificarme sin anularme.

Están las amigas de la infancia, las de los viajes, las amigas del trabajo, las amigas de fiesta, las amigas que son madres de los amigos de nuestros hijos, las amigas que son hermanas, las de la universidad, las amigas del pueblo, las de los veranos… Y cada una de ellas encarna un tipo de amistad o vínculo: Están las “íntimas”, las de los secretos, las que admiramos, las “otras”, las que ya no queremos en nuestras vidas, aquellas con las que nos reímos y aquellas con las que lloramos…

Son espacios de identificación múltiple. Con una aprendo a poner límites. Con otra, a animarme. Con otra, a suavizarme. Cada una toca un punto distinto de mi subjetividad y la expande. El yo se enriquece en ese intercambio, se flexibiliza y se complejiza. Las amigas también funcionan como descifradoras de síntomas, donde frente a nuestra queja compartida saben escuchar lo que una no puede oírse sola. Nos devuelven, con ternura y con firmeza, aquello que insiste. Son testigos de nuestras repeticiones, pero también garantes de nuestras transformaciones.

En la amistad femenina, además, el deseo circula sin quedar capturado únicamente por la lógica de la competencia fálica. Esto significa que hay un saber compartido sobre la vulnerabilidad, sobre las faltas en el cuerpo, sobre la herida y la impotencia. Afectar al otro, y dejarse afectar por el otro, permite el intercambio real y la transformación.

Pero no idealicemos la amistad, ya que donde hay vínculo también hay ambivalencia. Celos, rivalidades, silencios, críticas, envidias… Justamente por eso, cuando una amistad entre mujeres atraviesa esos movimientos y sobrevive, se vuelve profundamente importante.

Tener amigas mujeres es una suerte porque en ese entramado se arma red. Y la red no es solo social, sino que también es psíquica. Es un sostén simbólico que permite apostar y ensayar versiones de una misma sin caer al vacío.

En Psyquia entendemos de este modo la amistad. Somos socias de un proyecto común que sostenemos desde hace más de 10 años y, al mismo tiempo, amigas que se cuidan, se acompañan y aprenden unas de otras.

Verónica Corsini