Poner Limites

Actualmente está en boca de todos el tema de los límites en cuanto a crianza se refiere ¿pero qué significa realmente poner límites? ¿Qué es lo que les cuesta aceptar a los jóvenes (y no tan jóvenes) de hoy en día? ¿Cómo han de ponerse los límites?

Si nos paramos a pensar en el significado de la palabra límite encontramos en todas sus acepciones referencias a separar o diferenciar elementos. Podemos decir así que un límite sirve tanto para contener como para marcar una diferencia. Pensándolo en términos de crianza sería algo así como ayudar a diferenciar entre lo que está bien de lo que está mal, entre el niño y el adulto, entre lo que se puede y no se puede.

¿Cuál es el mensaje que reciben de la sociedad los jóvenes hoy día?

Los mensajes como “Nada es imposible” “Los limites los pones tú” “Querer es poder” “Tus padres tus mejores amigos” y así un largo etc. proporcionan un imaginario social en el que luego se anudaran las subjetividades de cada individuo con sus historias familiares personales.

En algunos casos el miedo a confundir autoridad con autoritarismo hace que se caiga en un estilo de crianza basado en el laissez faire (dejar hacer) lo que provoca mucha confusión en los menores ya que no son capaces de diferenciar entre lo que pueden o no hacer.

En este sentido podemos pensar que un adolescente por ejemplo aparentemente estaría encantado de no tener límites puesto que es lo que pide a gritos en cada momento, pues bien, junto con esos anhelos de libertad están también todas las inseguridades y preguntas típicas de este momento vital y que necesitan ser contenidas de algún modo ¿Quién soy yo? ¿Puedo ser diferente a mis padres? ¿Qué hago con mi rabia? ¿En qué creo? ¿Quiénes son mis padres? Etc… Así pues podemos decir que por mucho que protesten y por mucha frustración que genere una negativa, ese límite es algo que le hace sentir seguro puesto que puede cuestionar sin miedo a destruir y por lo tanto sin culpa.

¿A qué digo que no y a qué digo que si?

En este sentido pensamos que es imposible crear una regla única ya que va a depender de las características de cada familia y a su vez de la historia familiar de cada padre o madre.

Lo que sí que podemos afirmar es que poner límites no es decir a todo que NO o que SÍ. Los límites han de ser pensados ¿Por qué digo que no o que si a algo? Si la respuesta de esa pregunta está más del lado del someter al otro y hacer una demostración de autoridad seguramente nos estemos equivocando. Si la respuesta a esa pregunta está del lado del cuidado, del querer enseñar que no todo lo que se desea se puede, seguramente estemos pudiendo poner un límite de forma efectiva. Aunque puede que como padres haya que lidiar también con nuestros límites, con esa permanente incertidumbre del no saber si se hace lo correcto.

Actualmente nos encontramos con pautas de crianza que abogan por el respeto del menor, en este sentido estamos completamente de acuerdo en que hay que cuidar de la subjetividad de los menores pero en la práctica nos encontramos con algunos casos en los que podíamos cuestionar qué es eso de criar con respeto.

Por ejemplo, nos encontramos frente a un niño de dos años (llamémosle Juan) que quiere pegar a su hermana bebé. Los padres observan detenidamente como se va acercando y mirándoles como mostrando sus intenciones y esperando una respuesta por parte del adulto, estos le contestan “Juan, piensa lo que vas a hacer y tú decide”. En este sentido, estos padres, con la mejor de sus intenciones tratan de no coartar los deseos de Juan. Tratan de ser lo más respetuosos posible con él y no quieren decidir sobre la voluntad de su hijo pretendiendo que éste se responsabilice de sus actos y de sus consecuencias. Si nos paramos a pensar un poco más en esta escena y la miramos a través de los ojos del niño también podemos pararnos a pensar otras cosas: ¿No será que este niño mira a los padres, no porque les esté retando, sino porque pide (como puede) que alguien le ayude a contener sus celos y las ganas de pegar a su hermana por la que seguramente siente mucha ambivalencia? ¿No estaremos dejando solo con sus emociones a ente niño que aún no dispone de los recursos necesarios para contenerse? ¿Cómo podemos poner un límite siendo respetuosos pero cuidándole?

Seguramente a este niño le daría mucha tranquilidad que sus padres le sujetaran la mano y le dijeran algo así como: “Juan, sabemos que te gustaría pegar a tu hermana pero no puede ser, porque no se pega”

En este sentido el adulto hace de “yo auxiliar” de niño. ¿Qué es un yo auxiliar? Esto lo que quiere decir es que en ese momento en el que el niño no sabe porque hace lo que hace sino que simplemente siente tensión y necesita descargar, el adulto que lo acompaña pone nombre a su tensión “es enfado” y la para con el cuerpo, como si dijera “yo te sujeto, tu rabia no es tan fuerte ni tan mala, yo me hago cargo, conmigo no puedes”Esta función por repetición el niño la irá incorporando como propia y poco a poco podrá ser él el que se diga, sin asustarse por su rabia “me apetecería pegar pero no puedo y me aguanto”.

Evidentemente esta escena en muchas ocasiones no ocurre como aquí la mostramos sino que de por medio el niño muestra quejas, lloros, gritos… pero si no nos asustamos de ellos y tenemos claro que nosotros lo podemos parar y sostener, seguramente poco a poco remitan.

En este sentido es donde se puede anudar con nuestra propia forma de entender los limites, la agresividad, la autoridad, las normas… y es donde los modelos familiares se pueden hacer presentes y repetirse patrones con los que confundimos a los personajes de la historia. Depende de cómo miremos a este niño nos producirá unas cosas u otras y actuaremos en consecuencia. No es lo mismo pensar que nos reta, a que es un niño violento, a que tiene la madurez suficiente como para hacerse cargo de lo que le pasa, a que son travesuras, etc…

Una vez más hacemos un llamamiento a la subjetividad, a ver el caso por caso, y a bucear en cada niño y en cada padre con el fin de dar sentido a todo lo que puede haber detrás de un no poder poner límites. 

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