LA TERNURA ES EL NUEVO PUNK
Mi amiga Elisa tiene en su estado de whatsapp esta frase: “la ternura es el nuevo punk”.
Me cuenta que es de Joachim Trier, un cineasta y realizador noruego que dice que necesita creer que podemos ver al otro y que hay un sentido de reconciliación. Joachim dice más cosas, a mí me interesan éstas. Y, a decir verdad, me siguen interesando más las que me sigue contando mi amiga. Elisa y yo vivimos en ciudades distintas, así que nos relacionamos en gran parte a base de audios y archivos que nos enviamos a través de whatsapp. A base de ternura. Me ha propuesto que nos tomemos un vino cada una en una vinatería y hablemos juntas por teléfono para ponernos al día. Me parece que podría ser una buena opción el vino Un Expected, uva garnacha.
Que la ternura sea el nuevo punk significa que la rebelión es la atención al otro. “El primer paso de la ética es la atención: mirar al otro y escuchar su sufrimiento”. Eso dice Simone Weil. Hay que hacer una renuncia narcisista importante si uno quiere pararse a mirar con detenimiento al otro. Hay que desprenderse de uno mismo para ver la diferencia. Esa es nuestra profesión. Eso es ser psicoanalista. No damos consejos, no sabemos de antemano cuál es la mejor elección de aquel al que escuchamos, pero al escucharle sin juicios de valor, le conocemos y el paciente se conoce.
En una época donde la crueldad se confunde con lucidez y la distancia afectiva se disfraza de inteligencia, la ternura aparece como un acto radical. No porque sea ingenua, sino porque desarma. La ternura no niega el conflicto: lo atraviesa sin cinismo. En ese sentido, hoy la ternura ocupa el lugar que antes tuvo el punk: una negativa a obedecer al mandato de dureza, a perseguir de manera sádica al ideal y gozar sin lazo. La ternura no es blanda, aparece como peligrosa. Porque interrumpe el circuito del desprecio y no se defiende atacando. Insiste en el lazo cuando el superyó ordena desaparecer. Que interesante sería hablar de esto en el mundo convulso donde vivimos.
La ternura entonces es hoy en día un acto subversivo. No produce, no optimiza no acelera. Introduce pausa, cuidado y asimetría. Desde el psicoanálisis, la ternura implica reconocimiento de la falta y de la dependencia del otro: justo lo que hoy en día intentamos borrar. No promete el éxito ni el goce ilimitado. Introduce la posibilidad de necesitar y ser necesitado. Allí donde la sociedad del rendimiento produce sujetos aislados, la ternura insiste en el lazo.
Por eso hoy la ternura es el nuevo punk: no porque sea ruidosa, sino porque es improductiva y se atreve a cuidar en una cultura que confunde la dureza con la fortaleza. En esta misma línea, Esteban Levin en su pasada ponencia en nuestro ciclo de formación, nos hablaba de la importancia de donar tiempo a nuestros pacientes y a nuestros seres queridos, y también nos hizo pensar sobre si sabemos el color de los ojos de los pacientes a los que atendemos. Que buena pregunta. ¿Sabéis el color de los ojos de vuestros pacientes? En Psyquia lo intentamos.
Mi amiga Elisa siempre elige canciones que asocia con lo que lee, con lo que escribe o con situaciones que vive. Para esta breve reflexión ha pensado en esta: Jesus, Etc., del álbum Yankee Hotel Foxtrot, del artista Wilco.
Maite Echegaray










