A menudo nos sentimos enjaulados, retenidos, sin salida. Presos de una situación o circunstancia, pero… ¡sorpresa! De pronto nos damos la vuelta y la puerta está abierta. Y, ¿ahora?, ¿qué hago?, ¿es tan fácil salir?

Anhelamos la libertad, es algo reiterativo en los deseos humanos. ¿De verdad?

Es curioso como el ser humano a veces parece ponerse “miguitas” al modo Hansel y Gretel para llegar justamente a la casa de la bruja. ¿De golosinas? Sí, pero encerrado y a merced de otro. ¿Qué son las golosinas? Quizá podríamos pensarlas como la dulzura que supone el sentirse tan deseado como para ser apresado.

Estar retenido supone estar exento de responsabilidad, sujeto a los deseos de otro que presuponemos carcelero. Pero el carcelero tiene su función al detener un rehén. Es decir, no hay carcelero sin rehén, ni rehén sin carcelero. Que me retengan supone que me desean, que quieren algo de mí, que mi encierro tiene una importancia. Que ocupo tanto lugar en el otro como para que piense en un plan de secuestro.

Armar una jaula supone construir una situación con límite. Una situación que me permite fantasear que sin esos barrotes mis deseos no tendrían fin, podría llegar a ser todo lo que quiero y más. Si no lo soy es porque otro, o la vida, me han puesto un coto. No yo, no mi capacidad. Las circunstancias.

La inmovilidad tendría sentido porque es impuesta. No es que sea cobarde, es que estoy enjaulado. Si no lo estuviera… Todo muy justificado. Pero, y ¿si la puerta de la jaula está abierta?

¡Oh no! esto supone un encuentro con uno mismo. Si puedo salir, ¿hacia donde emprendo el vuelo? ¿qué me pasará? ¿seré capaz? Salir de la jaula significa vérselas con el mundo. Exponerse, jugársela. Triunfar, pero también fracasar. Conocer los límites de uno y de los demás.

Ante esto hay quien se sujeta a los barrotes de la jaula con uñas y dientes, o quien piensa que si sale, será un polluelo espachurrado contra el suelo. Volar supone el desmontaje de los ideales para afianzar la posibilidad de existir de una manera real y posible.

Desde Psyquia pensamos en acompañar a nuestros pacientes en el vuelo hasta que volar sea lo suficientemente agradable. Una psicoterapia es un proceso para irse, para volar, no para quedarse retenido.

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